Tengo un sitio guardado para ti cerca de mi. Un lugar acogedor y sencillo donde tomar el tiempo calentito, que ya empieza a hacer frío.
Lo encontré de casualidad y al instante pensé en ti. No sé porque, pero fuiste tú la persona que deseaba estuviera allí conmigo.
Y me senté sintiendo tu presencia a mi espalda, soñando que al volverme sería en esa silla donde te encontrara.
Y el instinto que guía mis sueños me hizo girar la cabeza.
Sin razón aparente, más allá de la curiosidad que tenía mi mente.
Y al hacerlo, vi tus ojos por primera vez mirándome fijamente como preguntándose: que mira este impertinente?.
Pero algo que nadie podría explicar, consiguió que pudiera pronunciar seguidas tres palabras.
Y al parecer fueron mágicas.
Porque hoy tanto tiempo después, al volver a este rincón, tu recuerdo me obliga a soñar de nuevo.
Y como un bucle en el tiempo, sentarme de espaldas a lo incierto.

                              Javi A

Decepcionado por la falta de respuestas, dejó de hacerle preguntas al aire, dándose una tregua para calmar aquel momento de contrariedad.
Un mar de dudas sobrevolaba por una habitación donde el aire se hacía irrespirable después de horas interminables de absoluto encierro.
Jamás había pasado por tal situación. El calor se hacía presente en gotas de sudor, que cayendo por la mejilla, llegaban a morir a la comisura de unos labios agrietados por la sed.
Se los intentó humedecer con una lengua igual de reseca, sintiendo lo salado de aquellas minúsculas gotas que sólo aumentaban la sensación de necesitar líquido para calmarla.
En su mente se agolpaban las palabras que no querían salir. Sentimientos que parecían atados a su cuerpo por un lazo invisible y que no permitía que llegaran hasta sus dedos.
Era una fuerza invisible tan poderosa y tan cruel a la vez, que le llenaba de impotencia aquellas horas de incertidumbre y soledad voluntaria.
Y necesitaba urgentemente buscar esa formula que permitiera fluir, como la sangre por las venas, las palabras por sus dedos. Que era donde debían llegar para caer por ellos hasta el papel y explicar con la tinta lo que allí dentro le ardía.
A lo mejor un día aprendo a escribir sin tenerle miedo a mis palabras!. A regalar a mis instintos una libertad que hoy no tienen; Pensó mientras tomaba un sorbo del fondo de una taza, donde hubo café hace unas cuantas horas, pero ahora sólo quedaba el poso frío de aquel delicioso líquido negro que tanto amaba.
Al menos le sacó el regusto a sal del sudor y le regaló un instante de paz entre tanta tempestad mental.
Se levantó de aquella silla de madera antigua que encontró un dia en la acera tirada, muy cerca de su casa, para acercarse a la ventana y abrirla.
Así pudo dejar entrar algo de aire que renovará el tan cargado ambiente de la habitación.
Entonces se dio cuenta que el sol comenzaba a iluminar el cielo pintando de color rosa las nubes.
Y el aire fresco de la mañana se coló por cada rincón de la estancia apaciguando ese calor que hacía poco tiempo le estaba asfixiando.
También entró en su cuerpo aquel frescor en forma de bocanada de aire, mientras pensaba que así como se había llenado todo de aire limpio por el simple hecho de abrir una ventana, también podría renovar su interior si abria su mente.
Y como si aquello fuera la llave del cofre del tesoro, se volvió a sentar en aquella silla medio destartalada que crujia con cada leve movimiento. Acomodandose mientras agarraba, no sin temor, ese instrumento fatídico que hace poco le odiaba sin piedad.
Había que darle algo de dramatismo al momento, seguía pensando mientras una leve sonrisa se dibujaba en su cara.
Apoyó el lápiz sobre el papel. Y como por arte de birlibirloque las palabras fueron cayendo como las hojas de los árboles en otoño.
Quizás tan sólo debía esperar al momento adecuado, pensó mientras seguía escribiendo aún no sabía bien que.
Pero estaba seguro que al final tendría todo el sentido del mundo. Porque así son los escritores, no?

                       Javi A.

Elijo yo

Me quedo con la gente que suma.
Con la que vive. Con aquella que sueña despierta y con la que camina lentamente para saborear la vida.
Me quedo con los valientes, con los que arriesgan, con los que lloran sin esconderse y ríen a carcajadas también.
Me quedo con los que no juzgan, con aquellos que toleran, con los que tienen paciencia y no temen quererse.
Me quedo con todos ellos y con muchos más que viven los días como si fueran eternos. Aprovechando cada momento!.
No como si fuera el último, sino como si fuese el primero.
Me quedo contigo!.
Y contigo también aunque no te vea, porque si te siento.
Y contigo, que me das más de lo que pides. Y con todos los que cada mañana sonríen y caminan hacia adelante sin miedo.
Me quedo con ellos!. Y con todos los que viven sus sueños.

                    Javi A.

Decido vivir

Me ha supuesto casi una vida entera entender lo que significa «vivir».
Me han asustado muchos miedos hasta conocer el valor.
Me han costado muchas pesadillas atrapar a los sueños.
Han sido muchos los kilómetros recorridos hasta encontrar el camino.
Y ni recuerdo cuantas lágrimas hasta poder sonreír.
Han sido infinitas las horas de soledad para al final apreciar mi compañía.
Y fueron demasiadas mentiras hasta conocer la verdad.
He gastado tantos sentimientos que pensé que no tenía más.
Y he amado con los ojos cerrados hasta estamparme contra la realidad.
He creído en las personas hasta aceptar lo evidente.
Y he dudado hasta de mi verdad por querer agradar.
Dejé de ser yo hasta no conocerme.
Y me quedé hueco por alimentar otros egos.
Tropecé tantas veces con la misma piedra, que opté por llevarla conmigo.
Y me caí tantas otras como me levanté.
Dejé de imaginar, de soñar y hasta de reír.
Pero hoy al ver salir el sol, decidí que quería vivir.

                             Javi A.

Querida amiga.

Aquel día te vi llorar sin soltar una lágrima. Era tan evidente la tristeza en tu mirada que se contagiaba con sólo observarte.
Jamás imaginé que tuviera que encontrar una excusa para hablarte. Y ni así supe que decirte.
Quizás pensé que unas simples palabras podrían calmar lo que se te removía por dentro, pero enseguida me di cuenta que no iba a ser así.
Se te notaba el dolor en cada gesto. La angustia en cada paso que dábamos juntos en silencio. La impotencia en cada mirada vacía que nos cruzabamos.
Aquel día hubiera querido decirte tantas cosas!. Hubiera querido empujarte hacia esa libertad que tanto anhelabas y pedías a gritos sordos.
Si! De esos que solo los escuchas tu, pero todos a tu alrededor los sienten.
Hubiera querido abrirte los ojos. Pero tu los tenías abiertos ya, a pesar de que ignorantes como yo pensaramos que no.
Nunca crei que ya no tendría la oportunidad de decirte que estabas equivocada con el. Ni pensé que fuera yo el más adecuado para decírtelo.
Como iba a pensar que ese mismo día por la noche te arrebataran la vida y ya no podría abrazarte más, mi querida amiga de ojos tristes.
Es tan absurdo creer que alguien que dice que te quiere acabe asesinandote porque en su cabeza no hay más que rencor y odio hacia ti!!.
Tan absurdo pensar que un día llegarás a casa y dejaras de respirar por la brutalidad de un ser despreciable y comido por los celos.
Mi querida amiga de ojos tristes. Estabas tan guapa aquel día, que no quiero olvidarme de nuestra despedida y de tus palabras al hacerlo. Cuando me dijiste que él te amaba y tan sólo eran celos. Pero que tu lo tenias todo controlado y acabariais siendo felices.
Siempre me quedará eso dentro por no haber hecho nada para que hoy pudieras estar hablando conmigo de nuevo. Pero fue tu decisión.
Y te quería tanto, que siempre respeté tus sentimientos. Pero me odio por no haberlo hecho.
Sólo quería que supieras, mi querida amiga de ojos tristes, que al decirte todo esto tan solo trato de entender porque te fuiste. Y que allá donde te encuentres, estoy seguro que no estaras sola y que habrás dejado de sufrir.
Y te prometo algo.
Que las mujeres que quedan aquí tampoco lo estarán. Porque no queremos que ninguna más pase por donde pasaste tu.
Descansa ya y se feliz.

             Javi A.

Un instante.

Y yo que sólo quería respirarte cada amanecer. Abrazar el calor que desprendía tu piel y tatuar en ella una mirada.
Tan sólo aspiraba a compartir las mismas sábanas y la misma almohada. Arroparte cada noche con mis sueños y despertarte con una sonrisa cada mañana.
Era tan poco lo que pedía, que con una vida me bastaba.

               Javi A.