Bendita sensación aquella de perderme por un beso, de saciar mi deseo y tomarte entre mis brazos para colmarte de cariño y ternura mientras forjábamos un futuro que se tornaba más bien incierto. Aún recuerdo cada instante, como si fuera ayer mismo…. y ha pasado ya tanto tiempo!
Cierro los ojos y te veo, tal como lo recuerdo, preciosa y dulce, temerosa de ese primer momento, pero en tus preciosos ojos vislumbraba toda la ilusión guardada y también el miedo.
Me acercaba poco a poco, con paso firme pero nervioso y somnoliento, pues aquella noche dormí apenas nada, pensando precisamente en este instante y en todo lo que debía decirte o no decirte para guardar por siempre ese minuto en el recuerdo.
Ya te veía, ya por fin ahí estabas, tantos días esperando que llegaras, tantas horas de charlas, de palabras que no se agotaban mientras inventábamos un futuro que parecía no llegaba, tantos sueños a medias que soñamos y otros tantos por cada uno de nosotros soñados y ese día por fin había llegado.
Te dije una de tantas noches, que el día que te tuviera enfrente, mis primeras palabras serían un susurro en tu oído, diciendo «te amo» y mientras llegaba a tu lado, sentía que no sabría ni como pronunciarlas, pues mudo parecía que me había quedado. Pero cuando me viste y te incorporaste, para al unísono ir nuestra distancia acortando, supe que era el momento y te mire muy despacio, abrace tu cintura y te lo dije sin dudarlo, sin preámbulos ni adornos que rompieran el encanto…… «Te amo».
Y entonces fue cuando te miré y sin ni siquiera pensarlo, te robe un dulce beso de esos lindos labios, que fue mi perdición, pues desde ese instante vivo de ti enamorado, más de lo que jamás habría soñado, ya que me perdí por un beso y aún lo sigo pagando.