La playa

Habían encontrado un pequeño paraíso en aquella playa recogida que encontraron por casualidad.
Un lugar idílico con aguas cristalinas, arena blanca y escondida de miradas indiscretas. Pues no muchas personas conocían su ubicación y tampoco era fácil llegar hasta ella. De echo, apenas media docena se habían cruzado con ellos en el tiempo que llevaban allí.
El día había sido maravilloso y de momentos inolvidables disfrutando del sol, del agua y de paseos por los alrededores compartiendo sonrisas, caricias y todo ese amor que se prodigaban.
Se había hecho tarde ya, el horizonte se teñía de un color ocre y rosado que pintaba el cielo como si de un cuadro se tratara y el agua en calma reflejaba toda esa obra.
Un momento mágico que no querían perderse y para lo cual decidieron encender un fuego y sentarse a disfrutar juntos de toda aquella belleza.
La temperatura era ideal, la noche empezaba a cubrir todo a su alrededor y se sentían muy agusto junto a la hoguera charlando de mil cosas, abrazados como dos enamorados mientras el fuego iluminaba sus rostros y las sensaciones empezaban a estar a flor de piel. El deseo de uno por el otro no podía disimularse, sus manos no podían estar quietas y las caricias se repartían sin control en aquellos cuerpos sedientos de amarse.
Era uno de esos momentos que sabían recordarían siempre y deseaban fuera perfecto, para lo cual decidieron incorporarse e ir hacia la orilla. Con el agua solamente cubriendo sus pies se besaron con tal dulzura que se estremecieron al unísono. La poca ropa que les cubría, desaparecía entre caricias que les encendía la pasión y se adentraron en aquel espejo, donde la luna reflejaba un camino de plata que recorrieron juntos, paso a paso, hasta que el agua les llego hasta el pecho y se miraron fijamente. Sin mediar palabra sus labios se fundieron de nuevo, sus cuerpos se pegaron hasta que el agua apenas pasaba entre ellos y se amaron con una locura y un deseo que les nacía de lo más profundo de su corazón, sin dejar nada para mañana.
Fueron minutos que parecieron horas y al terminar se abandonaron junto a la hoguera, tumbados uno junto al otro mirándose a los ojos, observando el cielo que les arropaba. Y allí se quedaron, entre sonrisas y esa complicidad que les hacía amarse así, hasta que las estrellas se apagaron.

            Javi A.

Enredarme en tus brazos, sintiendo la suavidad de tu piel en mi piel, recogiendo la dulzura de tus labios en esos besos con sabor a miel, pegando nuestros cuerpos hasta temblar de placer y rendirnos al deseo, amandonos hasta el amanecer.

                                                Javi A.

Encontraras un lugar, donde sentir el sentido de la palabra amar, donde esconder tus miedos y olvidar todo penar, un lugar que será el calor que jamás lograste encontrar y te perderas entre suspiros que todo te harán olvidar.

                                               Javi A.

Entregas el cuerpo y el alma, envolviendo los sentidos en caricias de aquel que te ama. Desnudas sentimientos sin pudor, entregándote sin medida al dulce juego del amor. Recoges el calor que produce el deseo y te cubres con él para perderte en un sueño. Y de mi alma te haces dueña, regalándome de tu cuerpo su esencia.

                                                 Javi A.

Entre la bruma de la mañana, se me pierden los instintos, calculando los pesares de este invierno frio. Cuento los latidos que resuenan en mi almohada, esperando aquel que traiga a mi mente la calma.
Las arrugas de mis sábanas son montañas que en mis sueños se elevan, tapándome las vistas que a mi lado quisiera y camino sin sentido por caminos inciertos, buscando entre las sombras, lo que de corazón anhelo.
Son momentos que desearía evitar, mientras se acumula esta ansiedad en mi pecho, la cual se calma cuando cerrando los ojos te invento y te siento entre mis brazos entregandote este amor, que traspasa la piel y nos funde a los dos, en deseos incontenibles de una ardiente pasión, sintiendo a mi lado tu olor y el placer de tus caricias que me anulan la razón.
Tan solo mis pensamientos, son el fiel reflejo de tu figura entre tanta soledad e invaden la penumbra que me atrapa al despertar, dando la luz necesaria al rincón de mi pesar, para ver con nítida claridad que en tus ojos me quiero recostar y abrazar de tu mirada el reflejo de este amar, que nos tiene presos de una lucha que no encuentra final.

                                           Javi A. 

Paseaban tus deseos por mis dedos, los sentía traspasandote la piel, penetrando hasta el fondo de tus sueños, descubriendo en tu cuerpo el regalo de un dulce placer. 
Se erizaba el bello con cada roce que te regalaba, mientras en tu estómago las mariposas revoloteaban y algo indescriptible surgía de tu interior, que hacía se encendiera esa ansiada pasión. Algo que no podías controlar por más que lo intentaras, que superaba cualquier razonamiento y se difuminaba con la siguiente caricia que sin remedio tu cuerpo electrizaba.
Un deseo irrefrenable acudía a tu encuentro, obligando al subconsciente a traspasar tus instintos, dejando un regusto a provocación que seducía tu imaginación, encontrando en mis manos aquella satisfacción, que solo se calma con la entrega total de dos cuerpos que se buscan y se aman sin control.

Javi A.