Era ya muy tarde, una de esas noches de frío invierno en las que el sueño se hace de rogar y la mente no deja de dar vueltas por los recuerdos. Se encontraba tumbada sobre la cama, con la vista perdida en las sombras que la tenue luz dibujaba en aquel techo blanco cuando de repente, una sonrisa le brotó de los labios y su cuerpo se estremeció recordando aquel día de verano.
Cerró los ojos para dejarse llevar y sintió de nuevo aquellas manos sobre su cuerpo. El calor de sus labios aplastando dulcemente los suyos y aquella mirada llena de deseo que la sedujo desde el primer momento. Volvió el aroma de aquel hombre a inundarla por completo, como si estuviera allí con ella en ese momento. Y recordando la pasión que ponía en cada caricia que le regalaba, le provocaba escalofríos y un sinfín de sensaciones que elevaban la temperatura de su cuerpo.
Le venían imágenes de cuando le quitaba la ropa de aquel modo tan sutil y tan tierno, con una delicadeza que aún hoy la excitaba solo con pensarlo. Esa manera tan dulce de tratarla, con esa seguridad en lo que estaba haciendo, encendiendo cada parte de su cuerpo, explorando sus límites y sus deseos, la incitaba a que sus piernas se apretaran y se acurrucara debajo de las sabanas disfrutando del placer de sentirlo de nuevo.
No abría los ojos, quería traer cada momento vivido, repetir cada gemido sintiéndose la mujer más amada del universo en los brazos de aquel hombre. Elevar su deseo hasta el punto de arder de nuevo y explotar de placer como lo hizo entonces…, pero sin hacer mucho ruido, pues lo tenía a su lado dormido.
Pero este era su momento, un recuerdo de los tantos vividos con el y deseaba disfrutarlo sola, porque sabía que mañana al despertar la volvería a amar haciéndola sentir la mujer más deseada del mundo.

                                    Javi A.

Por sorpresa!

Llegó por detrás, sin avisar! Como a ella le gustaba. Sus manos rodearon su cuerpo con la delicadeza que él siempre le regala en cada uno de esos momento donde el deseo se hace protagonista. No le importaba el lugar ni la hora y la cocina se le hacía el lugar idóneo para satisfacerse, creando ese morbo de las películas que a cualquiera le gustaría probar.
Sentía sus caricias por debajo de la camiseta, que era lo único que llevaba puesto además de su ropa interior La estaba provocando y no iba a permitir que solo jugara el. Así que dándose la vuelta se aferró con sus brazos alrededor del cuello y se subió con sus piernas a su cintura, mientras unas manos fuertes la sujetaron apretando fuerte sus nalgas y sus bocas se encontraban para besarse con lujuria y desenfreno, de ese capaz de hacer arder al mismo hielo.
Se movieron hacia la mesa que se encontraba en el centro de la cocina y apartando algunas cosas la dejo sobre ella suavemente sin dejar de comerse a besos.
El deseo crecía por momentos y la poca ropa que tenían volaba hasta el suelo, quedando sus cuerpos casi desnudos y a punto para amarse con la mas absoluta locura. Ella se tumbo sobe la mesa mientras el recorría su cuerpo con sus manos y con la boca acariciaba sus pechos desatando el placer en ellos, consiguiendo que ella se entregara sin miedos al más sublime de los placeres.
Sin apenas tiempo, sintió como unos labios calientes bajaban por su vientre con lentitud y como sus braguitas iban desapareciendo de la escena, deslizándose por sus piernas hasta perderlas, sintiendo de golpe una descarga en todo su cuerpo cuando él se perdió entre ellas, provocándola un gemido que excitó aún más a quien estaba deleitándose con su cuerpo.
No supo si fueron segundos o minutos. Perdió la noción del tiempo y tan solo reaccionó cuando sintió de nuevo los labios de él besando su cuello y como poco a poco le hacia el amor. Al principio con delicadeza y dulzura para después, entrar los dos en una vorágine de movimientos, que les llevó hasta el cielo en ese momento donde volaron al unisono y se fundieron en un abrazo tan intenso como eterno, donde solo su agitada respiración se sentía entre sus cuerpos.

                  Javi A.

Cómo podría describirte esa sensación que recorre mi mente cuando entre mis brazos te tengo y entre tus piernas me sostengo. Esa sensación que atraviesa mi cuerpo como una descarga cuando el sudor empapa tu piel y se mezcla con tu perfume, emanando de cada poro un aroma que embriaga mis sentidos y se mete tan dentro de mí que queda grabado como un tatuaje en mis recuerdos.
Su esencia me pervierte y me descontrola, me nubla la razón y solo siento una lujuria que sería capaz de hacerte gritar y mi espalda arañar mientras te hago el amor. De hacerte temblar hasta volverte la vista y arrancar de tus entrañas el más absoluto placer. Capaz del desenfreno más salvaje y de la dulzura más tierna que jamás hayas podido sentir. Pues su poder de seducción es tal, que saca mis demonios cuando te huelo y solo amarte hasta la extenuación puede calmar este deseo y esta pasión…, hasta la próxima ocasión!.

          Javi A.

Apenas la luz de unas velas iluminaban el ambiente creando un momento íntimo y sereno que permitía intuir lo justo y preciso para disfrutar de su belleza.
La música sonaba suave, con la delicadeza de un suspiro que acariciaba y mecía cada movimiento, provocando un baile perfecto entre los dos. Solo había que dejarse llevar.
Mi mano, perdida entre sus piernas, acariciaba con dulzura buscando que sus gemidos rompieran el silencio, provocando descaradamente un incendio en su interior que ardiera sin control hasta quemar ese deseo, dejando a los sentidos entrar en acción!.
Su cuerpo era un laberinto de sensaciones que estaba deseando probar. Buscaba caminos por donde al pasar se estremeciera, obligándola a apretarse más a mi, a doblegar su pasión entre mis brazos, a envolverse en la imaginación de lo que estábamos creando.
Eramos dos locos en nuestro manicomio particular, compartiendo esa locura sin pensar en nada más, inventando placeres donde podernos curar desnudándonos el alma… y algo más!. Haciéndonos el amor como si no hubiera final, dejando el tiempo colgado en la pared mientras nuestros cuerpos sudando, se devoraban hasta la piel.

Javi A.

Quiero beber del manantial de tus deseos, hasta calmar la sed que me causa sentirme de ti preso.
Embriagarme lentamente con el aroma que transpira tu cuerpo y quedarme inmóvil mientras de ti me lleno.
Deseo probar el caudal que nace entre tus senos y ahogar en él la pasión que se desborda cuando los siento en mis sueños.
Muero por probar la miel que se derrama por el cauce de tus suspiros y colocar dulcemente este amor allá donde brotan los sentidos.
Aprender contigo el sublime secreto que se esconde tras la magia de un deseo y vivir acurrucado entre la seda de unos pétalos que son la flor de mis desvelos.

Javi A.

Una delicada brisa atravesaba su cuerpo de arriba abajo meciendo los suspiros que brotaban de su corazón. Eran aquellas manos descubriendo el mapa de su cuerpo, desgajando los caprichos que día a día se acumulaban en su interior…, las que sentía ardientes y suaves penetrando en su piel allá por donde pasaban!.
Sus labios parecían rodillos de placer que pintaban caricias en el lienzo que él iba imaginando a medida que se posaban dulcemente, dejando restos de deseo y de pasión, con la destreza de un artista que creaba su obra maestra y no escatimaba esfuerzos en hacerla realidad.
Apenas lograba abrir los ojos…, los sentidos estaban a flor de piel y deseaba poner cada uno de ellos en orden y en todo lo que la estaba regalando, pero era imposible ante la avalancha de sensaciones que llegaban desmontando cualquier intento por racionalizar todo aquello.
En cada movimiento que el sutilmente provocaba, en cada suspiro…, en cada caricia…, en cada beso…., llegaban espasmos a su cuerpo que convulsionaban su mente y tan solo podía relajarse un segundo a la espera del siguiente, con la certeza de que sería mejor que el anterior.
Nada podía parar ese torrente de sensaciones…, ni lo deseaba! Tan solo esperaba ese momento donde la culminación de ese juego la llevaría a alcanzar ese supremo instante donde explotaría de placer, para añadirlo a los recuerdos que aquel hombre estaba regalando a su vida y que jamás nada ni nadie podría ya borrar.

             Javi A.

A lo mejor lo que me apetece es besarte de los pies a la cabeza, aspirando de cada poro de tu piel la esencia de tu ser y empaparme con ella los sentidos para vivir… yo, dentro de ti… tú, dentro de mi.

            Javi A.

Me pierde el calor interno de tus muslos. Gozo como un niño al apretarlos con mis manos dulcemente, acercándome descaradamente hasta el final para apenas rozarte mientras noto como se estremece el resto de tu cuerpo y vibra al compás de mis movimientos, cuando se funden mis dedos con tu pasión.
No sabes de qué modo disfruto, cuando al acariciarte con suavidad para sentir la calentura de tu piel, provoco gemidos en ti que traspasan mis sentidos excitando cada célula de mi ser y encendiendo el deseo, que muere al hacerte el amor para después volver a nacer.
Me encanta en el silencio de nuestra habitación escuchar a tu cuerpo disfrutar, cuando te vuelves loca de placer y despacito comienzas a jadear, o cuando tu vientre se convulsiona y en ese momento resoplas y empiezas a sudar.
Me gusta como te mueves y el eco que dejas sobre mi al amar, las curvas que conforman tu figura rodeando mi cuerpo, atrapándome en un laberinto de placer sin fin mientras nos amamos con tanta pasión, que el tiempo se difumina entre las sábanas de una cama que espera cada madrugada el dulce vaivén de dos almas que rinden pleitesía a una palabra llamada «amor».

          Javi A