Quiero vivir tantos momentos contigo…, descubrir tantas sensaciones que todavía son desconocidas para mí!.
Deseo tanto tenerte entre mis brazos…, acariciar tu piel con mis dedos dulcemente, beber de ella el néctar del deseo y sentir aquello de lo que todo el mundo habla y que yo no he vivido aun contigo!.
Muero por sentir tu mirada frente a mis ojos, colándose por mis sueños, traspasándome el alma y que mi cuerpo se estremezca como si fuera un adolescente que vive sus primeras emociones.
Necesito el revolotear de las mariposas en mi estómago al tenerte cerca, cubrir mi vida de momentos con ese nerviosismo que te deja desvalido ante el amor.
Daría lo que fuera por sentir el tacto de tus labios en los míos, su calor fundiéndose en mi piel y probar esa descarga que te atraviesa de arriba a abajo dejándote sin fuerzas ni poder de reacción.
Anhelo regalarte este deseo que por ti siento…, envolverlo sobre tu cuerpo al hacerte el amor y ser un torrente de ternura. De pasión desbordada en ese momento que solo tú y yo sabremos hacer eterno, cuando se fundan nuestras almas y sea más que físico ese sentimiento.
Cuando el placer de amarnos se quede para siempre dentro y aunque estemos separados, lo sentiremos como un soplo de aire fresco que nos obligue a buscarnos de nuevo, para saciarlo hasta quedarnos por completo satisfechos.

       Javi A. 

Me pondré mis mejores caricias para acercarme a tu piel.
Perfumaré de besos mis labios y su aroma será el del placer.
Me vestiré los dedos con suspiros que te harán enloquecer.

Tu tan solo…, ven! Y desnudame.

                                Javi A.

Tenía su cuerpo pegado al mío, los dos en el sofá apretujaditos debido al frío de este invierno que no parecía tener fin.
Me gustaba sentir sus piernas enredadas en las mías, de echo me encantaba que las tuviera así, porque me daba la oportunidad de colar mi mano por debajo de su pijama y de acariciarlas, a la vez que intentaba provocarla rozando con mis dedos entre ellas de forma accidental, o eso pretendía que creyera ella.
El caso es que funcionaba, porque se arrimaba más a mí y abría sus piernas invitándome a seguir acariciandola.
Era un excitante juego de seducción que nos provocaba a los dos debajo de aquella manta.
Sentía sus pechos apretarse contra mí cuerpo y como sus pezones endurecían a medida que mis dedos jugaban cada vez más cerca de sus braguitas. Era realmente una delicia sucumbir a esos encantos. Un placer sublime que elevaba el deseo entre los dos.
Mis caricias pasaban a ser más directas y ella lo notaba. Se dejaba querer!
Adoro su cuerpo excitado, su modo de jugar conmigo antes de regalarme el placer de sus más pervertidos deseos. Me encanta disfrutarla así…, tan niña y tan mujer a la vez!.

                Javi A.

Sentir sus labios rozando mi piel fue… bufff..!. Intentaré explicarlo.
Imagina una noche de tormenta, sola, en la cama a oscuras, escuchando como la lluvia golpea en la ventana.
Y de repente!. El estruendo de un trueno te sacude hasta la ultima molécula de tu cuerpo, acelerando tu corazón súbitamente y una sensación extraña te recorre de arriba abajo… Todo en un segundo.
Pues así fue cuando noté el calor de sus labios en mi, pensando que nada podría superarlo.
Pero me equivoque!. Porque después de unos segundos acariciandome dulcemente con ellos, abrió su boca y sentí la humedad de su lengua paseando a su antojo por donde antes lo hicieron sus labios. Me quería morir! Lo juro!
Aquello fue un subidón de adrenalina que alteró mis hormonas hasta volverlas locas!!.
Ese hombre sabía dónde llegar para hacerme estremecer y dónde parar para aumentar el placer que le pedían a gritos mis ojos que descubriera.
Sentía como la carne de su lengua se fundía con mis deseos, humedeciendo mi entrepierna de un modo que antes nadie había conseguido.
Que locura!. Quería que parara, pues mi mente parecía no resistir tanto placer, pero inconscientemente mis manos le sujetaban la cabeza con firmeza, agarrando su pelo y empujando para que no se separara ni un milímetro de mi.
Perdí la noción del tiempo a medida que el flujo de sensaciones, que no parecía tener fin, inundaba cada poro de mi piel.
Solo os puedo decir, que nunca mi cuerpo se convulsiono tanto, como aquel instante donde un orgasmo increíble y jamás soñado me atravesó de la punta de los pies hasta la cabeza, tensando cada músculo que encontró a su paso.
Y todo ello, antes de que el hombre que amaba con locura, me hiciera el amor….

           Javi A.

Sentirte tan dentro de mi, que al cerrar los ojos te veo aquí. Arder en mi interior al provocarme con tu voz y deshacerme en el intento de superar la tentación.
Eso eres tú….
Un deseo irrefrenable, un torrente de pasión que altera mis sentidos humedeciendo los deseos escondidos entre la lujuria y el amor.

                                                  Javi A.

La noche de fiesta había sido larga e intensa, llena de momentos realmente especiales, donde el deseo se proclamaba protagonista y sus cuerpos se reclamaban a gritos. Donde su pasión, por instantes se desbordaba en forma de caricias intensas y no les importaba nada ni nadie a su alrededor. Ellos solo se dejaban llevar por los instintos más primitivos del ser humano y pegaban sus cuerpos en cada ocasión que tenían, para sentirse más aún mientras se comían a besos.
Pero la noche se estaba acabando y las luces del alba aparecían en el horizonte.
Se habían acercado hasta aquel rincón de la playa, donde lejos de miradas indiscretas podrían satisfacer un poco más aquellas ganas de tenerse.
Eran jóvenes e inexpertos en el arte de amar, apenas unas caricias y algún que otro intento fallido por los nervios y el miedo a lo desconocido.
Pero aquella mañana, quizás por la noche tan intensa en besos y manoseos, estaban encendidos por la lujuria. El paisaje se antojaba ideal para dar rienda suelta a su sueño…, amarse por primera vez!.
Apenas se escuchaba el mar rompiendo lentamente contra la orilla, algún pájaro que empezaba a cantar y el sol que encendía ya el cielo, tiñendo de suaves colores el amanecer.
El aire traía aroma a tierra mojada, a naturaleza!. Y se respiraba tranquilidad. Era demasiado temprano para que nadie deambulara por aquel paraje idílico y ellos, tumbados sobre la arena de un pequeño montículo, hablaban el único idioma que deseaban escuchar en ese momento…, el de las caricias y los besos.
Poco a poco sus cuerpos pedían más, se deseaban!. Sus manos se introducían por debajo de la ropa rozando la piel, excitando sus sentidos. Ya no se preocupaban de nada más que de ellos mismos y se despojaron de la ropa poco a poco, quedando desnudos sobre la arena.
Todo fue precioso!. Cada roce, cada beso, cada caricia, antes de culminar el propósito para el cual sabían que estaban allí.
Y con respeto, a la vez que con cariño y ternura, se hicieron el amor por primera vez. Soltando todo ese deseo contenido de tanto tiempo. Dejando un regusto a sentimiento tan autentico y bonito, que al acabar y mirarse a los ojos, supieron que el amor les había dado uno de los mejores momentos de su vida y lo recordarían por siempre.

           Javi A.