Quizás no sepa nunca lo que es sentir la suavidad de tu piel en mis dedos, ni conozca el aroma de tu cuerpo al hacer el amor.
Ni recuerde jamás lo que es morir por tus besos, calmar mi sed en tu boca o encontrar en tus deseos, esa ardiente pasión que disimulan tus pechos cuando viven debajo de tu ropa y se vuelven provocación.
Es posible que nunca conozca la humedad de tu sexo, ni su ardiente calor. Que no llegue el momento de penetrar entre sus carnosos labios y morir por ellos de amor.
Ni pueda desvanecerme junto a ti exhausto por amarte sin control.
Es posible que no!.
Tal vez se pierdan por siempre mis palabras en el tiempo junto a mis deseos y mi pasión.
Pero una cosa es cierta!.
Que aunque tu no lo sepas, ya fuiste mía y me lleve entre mis dedos tu sabor.

                 Javi A.

Quiero que ese deseo que sientes en tu estómago baje hasta perderse entre tus piernas. Que te obligue a apretarlas para sujetar lo que sientas.
Deseo que mires a tu alrededor y sonrías con picardía. Pero que nadie sepa que me estoy derritiendo entre tus piernas. Que te vuelves loca sintiéndome entre ellas.
Que se derrama la miel que nace del deseo por entre sus labios y me sientes tan dentro que no puedes pararlo.
Que esa locura que a medias tenemos no termine jamás y se vuelva adicción perversa. Capricho constante corriendo por nuestras venas, sublime desesperación traviesa y el placer más intenso de miles de noches en vela.
Que cada caricia se haga eterna, cada beso perpetuo.
Que los sentidos tengan sentido e interminables sean.
Que logremos que soñar este sueño valga la pena.

              Javi A.

Y se volvió agua entre mis dedos. Miel derramándose por mis labios. Su locura era tal, que apenas rozar su pensamiento bastaba para encenderla.
Entregada sin medida a los más sublimes placeres, se retorcía para darme a entender su deseo, para captar mi atención y provocar en mi esa perdida de control que haría de la noche un verdadero torrente de pasiones desenfrenadas. Donde nada ni nadie podría parar la extensa carta de placeres que tenían preparados el uno para el otro.
Apenas leves susurros y gemidos de fondo serian las notas musicales de la madrugada. la banda sonora que acompañaría a ese baile de cuerpos y manos retorciéndose entre si.
Que difícil resistirse a tal invitación. Que absurdo sería hacerlo, pensaron al unisono los dos. Desaprovechar un instante en tu vida que luego recordarías por siempre.
Y no hay más palabras, al menos de esas que no dicen nada. Ya solo actúan las manos, hablan los labios, penetran las miradas y el sudor resbala para mojar unas sabanas que guardaran el secreto de esta madrugada.

                           Javi A.

Desesperada y excitada, apretaba las piernas disimuladamente para que no se diera cuenta de ese deseo fugaz y repentino que estaba quemando su cuerpo por dentro.
A medida que la noche había ido avanzando, se había ido colando en cada poro de su piel con sus detalles, con su voz y sus palabras, con su galantería y caballerosidad a la vez que con ese descaro de niño sinverguenza, que en su justa medida es como un imán.
Ahora ya era demasiado tarde.
Su cuerpo pedía a gritos que la amara. Que le quitara la ropa y le hiciera morir de placer. Ella sabía que sería inolvidable y no le dejaría escapar.
Apenas podía disimularlo y seguro que el se había dado cuenta. Estaba jugando con ella o quizás estuvieran jugando los dos a ese juego de seducción que enciende la llama del deseo. En cualquier caso las miradas hablaban por sí mismas y los ligeros roces entre ellos acentuaban más las ganas de comerse a besos.
La piel se erizaba, el estómago se encogía. Entre las piernas algo deseaba escapar y su pasión se empezaba a desbordar a cada minuto que pasaba.
El desenlace no podía ser otro aquella noche que acabar juntos apagándose el deseo. Desnudándose de ropa y miedos para dejarse llevar por su imaginación, por sus ganas el uno del otro y hacerse el amor como locos hasta desfallecer y sacar la ultima gota de placer de sus cuerpos.

          Javi A.