Tiene aquel aroma que traslada la mente a destinos ardientes.
Ese calor incierto donde acudir para saciar el deseo ferviente.
Ella es color que penetra por la retina lentamente, mientras te envuelve en su juego tiernamente.
Saborea cada sorbo de su esencia, como si fuera la ultima gota de liquido sobre la tierra. O morirás de una sed que nadie merece.
Deja que ella estimule lo que esconden tus secretos y será el puente hacía su lado más perverso.
Ella será quien encienda y apague a la vez tus sueños.
Nunca olvides donde acaban las caricias y encuentra si puedes donde empiezan los versos.

                                           Javi A.

Tengo mil maneras de apretujarte, de atraparte, de agarrarte. Y seguro que alguna más.
Pero voy a arriesgarme a decir, que hay una que te gusta más que las otras.
Esa en la que mis manos aprietan indecentemente tus nalgas, mientras mis labios devoran las turgentes formas que meneas descaradamente frente a mi.
Juegas a provocar y lo consigues, porque sabes perfectamente que me vuelves loco.
Y me llevan los demonios cuando tengo tu cuerpo cerca, caliente y con ese perfume con aroma a deseo, que te pones en la piel solo para mi.
Solo para mi…!!
Y nadie sabrá jamás donde acaban nuestros sueños o donde empiezan nuestros juegos. Esos que solo tu y yo sabemos jugar.
Porque son tan perfectos, que no nos hace falta disimular.

                                                 Javi A.

Me encanta el olor de tu piel bajo mis sábanas..! Ese calor que se desprende de ella y esa suavidad que sienten mis dedos al acariciarla.
Me gusta sentirte cerca al despertar y abrazarte suavemente antes de volverte a amar.

                                    Javi A.

Caos

Se desataban los infiernos cada vez que debajo de mis sabanas se colaba!.
Ardía el deseo convirtiendo en ceniza cada caricia, cada orgasmo, cada beso.
Su cuerpo enmudecía al grito de mis dedos. Su silencio era la invitación para hacer realidad los sueños más obscenos.
Nada quedaba de nosotros después del sudor, del calor…, de los jadeos.
Éramos dos despojos, víctimas de unos irrefrenables instintos que dejaban la ropa en el suelo y sobre la cama el más absoluto caos disfrazado de deseo.
Su piel me arropaba a partir de ese instante. La mía se convertía para ella en cariño sincero.
Y abrazando lo que sobraba de tan excitantes momentos, dejábamos que se lo llevara Morfeo al país de los sueños.

                 Javi A.