El tren

Tenía la mirada perdida en la nada. De esas veces que tus pensamientos acaparan toda la atención en tu mente y te pierdes en lo profundo de ellos parando el tiempo.
Sólo era consciente del traqueteo de las ruedas del tren al pasar por encima de los raíles de acero, porque provocaban un balanceo en mi cabeza que me sacaba de mi estado de inconsciencia auto infringida, devolviéndome a la realidad de aquel día.
Observaba por la ventanilla el paso de una vida que no paraba.
Paisajes sin final que se perdían en el horizonte, edificios con vida propia en cada una de sus ventanas, personas deambulando de un lado a otro.
Nada ni nadie se para mientras tú detienes tu tiempo, pensaba desde mis adentros!
Mi cabeza no dejaba de pensar en ella, en todo lo que vivimos cuando la distancia era nuestro peor enemigo.
Aquellas largas conversaciones que nos llevaban hasta la madrugada, hablando de todo y de nada, llenando los minutos, las horas, los días.
Viviendo sueños mientras hablábamos de proyectos.
Deseos contenidos que se acumulaban en un cruel calendario que no daba tregua, pero generaba la ilusión suficiente para seguir adelante y no perder la esperanza.
Tiempo pasado que no regresará jamás, como el viento que acaricia tu rostro y se desvanece para no volver.
Momentos que forjaron un presente que desea ser futuro.
Y hoy, cuando este tren se detenga y mis pies toquen de nuevo la tierra, comenzarán a caminar junto a los tuyos por un camino que inventamos cuando nos conocimos, para hacerlo un día realidad.

               Javi A.

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