Adoro la suavidad de una rosa
la caricia que dan sus pétalos
tan delicados como el terciopelo
al rozar la piel desnuda en mis dedos.

Siento su aroma exquisito muy dentro
cuando a ella lentamente me acerco
y la humedad que sutimente la cubre
me regala la frescura de su figura.

Es tanta lo sutil de su belleza 
y tan delicada parece al observarla
que quisiera para siempre poseerla
y entregarle con ello mi alma.

                                 Javi A.

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