No puedo juzgar al amor, a ese sentimiento que alcanza sin apenas nada, incluso con lo simple de una mirada, la proeza de unir a dos seres en un mundo de relax y de calma.
Un mundo pleno de sueños y quimeras, que a medida que va pasando el tiempo se transforman en verdades y arrastra hacia el olvido tus penas.
No debo obviar el valor que se supone tiene, cuando es capaz de cambiar tantas vidas, sin utilizar en ningún momento la fuerza. Con el poder que le ofrece el sentimiento, le sobra para colarse muy dentro y plantar allí todo aquello que buscamos con ahínco en el umbral de los sueños.
No tengo derecho a dudar de sus leyes, aquellas que dicta el corazón, cuando por un capricho del destino se abre a la razón y todo se convierte en locura, en un sinfín de instantes jamás soñados, que dejan obsoleta a tu cordura.
Se nutre de tus miedos, de tus sentidos, de todo aquello que te enseñaron o aprendiste y que sin embargo, llegado el momento, te vale de poco o de nada, pues borra de un plumazo todo lo que para ti era coherente, dejando vacío el subconsciente para llenarlo de algo tan nuevo…, que a partir de entonces toda tu vida es diferente.
Pero de algún modo me voy a dar el placer de poner en duda todo ello, a pesar de ser tan veraz su razonamiento, ya que de nada me sirve asentir a su verdad y sentirme de amor colmado…, si se va muriendo día a día el tiempo y no puedo tenerte a mi lado.
Javi A.