Recogido entre tus brazos, me encuentro con mi rostro acomodado en tu pecho, escuchando el latido incesante, de un corazón ardiente que busca sin parar provocar a mi subconsciente.
Vestida solamente de aire, tu piel se extiende por mis dedos, como el susurro que trae el viento y se posa lentamente en tu cuerpo, descubriendo lo suave que puede ser acariciar un sueño.
Dejas a la imaginación tus más profundos deseos, mientras escapa de mi control todo intento por poseerlos, desatando una pasión que desboca mi pensamiento y se pierde en el empeño de saciar los caprichos qué insinúa tu cuerpo.
Javi A.