Y se volvió agua entre mis dedos. Miel derramándose por mis labios. Su locura era tal, que apenas rozar su pensamiento bastaba para encenderla.
Entregada sin medida a los más sublimes placeres, se retorcía para darme a entender su deseo, para captar mi atención y provocar en mi esa perdida de control que haría de la noche un verdadero torrente de pasiones desenfrenadas. Donde nada ni nadie podría parar la extensa carta de placeres que tenían preparados el uno para el otro.
Apenas leves susurros y gemidos de fondo serian las notas musicales de la madrugada. la banda sonora que acompañaría a ese baile de cuerpos y manos retorciéndose entre si.
Que difícil resistirse a tal invitación. Que absurdo sería hacerlo, pensaron al unisono los dos. Desaprovechar un instante en tu vida que luego recordarías por siempre.
Y no hay más palabras, al menos de esas que no dicen nada. Ya solo actúan las manos, hablan los labios, penetran las miradas y el sudor resbala para mojar unas sabanas que guardaran el secreto de esta madrugada.
Javi A.