Desesperada y excitada, apretaba las piernas disimuladamente para que no se diera cuenta de ese deseo fugaz y repentino que estaba quemando su cuerpo por dentro.
A medida que la noche había ido avanzando, se había ido colando en cada poro de su piel con sus detalles, con su voz y sus palabras, con su galantería y caballerosidad a la vez que con ese descaro de niño sinverguenza, que en su justa medida es como un imán.
Ahora ya era demasiado tarde.
Su cuerpo pedía a gritos que la amara. Que le quitara la ropa y le hiciera morir de placer. Ella sabía que sería inolvidable y no le dejaría escapar.
Apenas podía disimularlo y seguro que el se había dado cuenta. Estaba jugando con ella o quizás estuvieran jugando los dos a ese juego de seducción que enciende la llama del deseo. En cualquier caso las miradas hablaban por sí mismas y los ligeros roces entre ellos acentuaban más las ganas de comerse a besos.
La piel se erizaba, el estómago se encogía. Entre las piernas algo deseaba escapar y su pasión se empezaba a desbordar a cada minuto que pasaba.
El desenlace no podía ser otro aquella noche que acabar juntos apagándose el deseo. Desnudándose de ropa y miedos para dejarse llevar por su imaginación, por sus ganas el uno del otro y hacerse el amor como locos hasta desfallecer y sacar la ultima gota de placer de sus cuerpos.
Javi A.