Sentir sus labios rozando mi piel fue… bufff..!. Intentaré explicarlo.
Imagina una noche de tormenta, sola, en la cama a oscuras, escuchando como la lluvia golpea en la ventana.
Y de repente!. El estruendo de un trueno te sacude hasta la ultima molécula de tu cuerpo, acelerando tu corazón súbitamente y una sensación extraña te recorre de arriba abajo… Todo en un segundo.
Pues así fue cuando noté el calor de sus labios en mi, pensando que nada podría superarlo.
Pero me equivoque!. Porque después de unos segundos acariciandome dulcemente con ellos, abrió su boca y sentí la humedad de su lengua paseando a su antojo por donde antes lo hicieron sus labios. Me quería morir! Lo juro!
Aquello fue un subidón de adrenalina que alteró mis hormonas hasta volverlas locas!!.
Ese hombre sabía dónde llegar para hacerme estremecer y dónde parar para aumentar el placer que le pedían a gritos mis ojos que descubriera.
Sentía como la carne de su lengua se fundía con mis deseos, humedeciendo mi entrepierna de un modo que antes nadie había conseguido.
Que locura!. Quería que parara, pues mi mente parecía no resistir tanto placer, pero inconscientemente mis manos le sujetaban la cabeza con firmeza, agarrando su pelo y empujando para que no se separara ni un milímetro de mi.
Perdí la noción del tiempo a medida que el flujo de sensaciones, que no parecía tener fin, inundaba cada poro de mi piel.
Solo os puedo decir, que nunca mi cuerpo se convulsiono tanto, como aquel instante donde un orgasmo increíble y jamás soñado me atravesó de la punta de los pies hasta la cabeza, tensando cada músculo que encontró a su paso.
Y todo ello, antes de que el hombre que amaba con locura, me hiciera el amor….
Javi A.