La noche de fiesta había sido larga e intensa, llena de momentos realmente especiales, donde el deseo se proclamaba protagonista y sus cuerpos se reclamaban a gritos. Donde su pasión, por instantes se desbordaba en forma de caricias intensas y no les importaba nada ni nadie a su alrededor. Ellos solo se dejaban llevar por los instintos más primitivos del ser humano y pegaban sus cuerpos en cada ocasión que tenían, para sentirse más aún mientras se comían a besos.
Pero la noche se estaba acabando y las luces del alba aparecían en el horizonte.
Se habían acercado hasta aquel rincón de la playa, donde lejos de miradas indiscretas podrían satisfacer un poco más aquellas ganas de tenerse.
Eran jóvenes e inexpertos en el arte de amar, apenas unas caricias y algún que otro intento fallido por los nervios y el miedo a lo desconocido.
Pero aquella mañana, quizás por la noche tan intensa en besos y manoseos, estaban encendidos por la lujuria. El paisaje se antojaba ideal para dar rienda suelta a su sueño…, amarse por primera vez!.
Apenas se escuchaba el mar rompiendo lentamente contra la orilla, algún pájaro que empezaba a cantar y el sol que encendía ya el cielo, tiñendo de suaves colores el amanecer.
El aire traía aroma a tierra mojada, a naturaleza!. Y se respiraba tranquilidad. Era demasiado temprano para que nadie deambulara por aquel paraje idílico y ellos, tumbados sobre la arena de un pequeño montículo, hablaban el único idioma que deseaban escuchar en ese momento…, el de las caricias y los besos.
Poco a poco sus cuerpos pedían más, se deseaban!. Sus manos se introducían por debajo de la ropa rozando la piel, excitando sus sentidos. Ya no se preocupaban de nada más que de ellos mismos y se despojaron de la ropa poco a poco, quedando desnudos sobre la arena.
Todo fue precioso!. Cada roce, cada beso, cada caricia, antes de culminar el propósito para el cual sabían que estaban allí.
Y con respeto, a la vez que con cariño y ternura, se hicieron el amor por primera vez. Soltando todo ese deseo contenido de tanto tiempo. Dejando un regusto a sentimiento tan autentico y bonito, que al acabar y mirarse a los ojos, supieron que el amor les había dado uno de los mejores momentos de su vida y lo recordarían por siempre.
Javi A.