Encontré entre sus piernas aquella noche el elixir de la juventud. Me llevó hasta el cielo tantas veces que no supe volver a la tierra hasta que desperté y la encontré a mi lado dormida, exhausta y con la felicidad reflejada en su rostro.
Ninguno podía imaginar al principio de la noche lo que sucedería después. Los momentos que vivimos tan intensos. Caímos rendidos al placer más absoluto, descubriéndonos a medida que pasaba el tiempo y la compenetración se hacía latente entre los dos, apartando los miedos y tabúes que se suponen deben surgir. Parecía que llevábamos toda la vida conociéndonos!.
Fue mágico encontrarme con su cuerpo y saborearlo lentamente, endulzarme con su esencia a través de las caricias y los besos que sin medida se prodigaban por el, encendiendo el deseo y la pasión en ella.
Fue como un estallido de sensaciones cuando me entregó todo lo que llevaba dentro, sin medida y sin complejos, alentando la lujuria y el desenfreno entre los dos.
Fuimos tiernos y cariñosos, elevando nuestro deseo por amarnos a cotas de perversion inimaginables entre los dos, que desembocaron en momentos que jamás olvidaremos!!.
Todo fue tan hermoso y tan natural que creó una conexión entre nuestras miradas tan intensa que apenas necesitábamos mirarnos para saber lo que deseábamos.
Y nos amamos!! Vaya si nos amamos!!.
Lo hicimos con esas ganas que nacen de lo profundo del alma y dónde se entrega hasta el último aliento, para no dejar nada dentro!.
Javi A.