Me gustaba mirarla a los ojos cuando le hacía el amor, sentir su mirada clavada en mi … y ausente a la vez por el profundo placer que sentía. Escuchar el eco de sus gemidos retumbar en mi oído como un susurro, mientras el vaivén de nuestros cuerpos removía los más ansiados deseos y sucumbían sin esfuerzo ante tanta pasión.
Había disfrutado jugando con ella!. Seduciéndola y provocándola hasta lograr excitarla!. Hasta conseguir que sus labios me buscarán con desesperación!. Y fue entonces que el juego cambió, pues al sentir en mi boca toda esa lujuria y deseo, el seducido fui yo!.
Sus manos se colaban por debajo de la ropa acariciando mi pecho, elevando mi temperatura cada segundo más y más!. Su lengua húmeda jugaba con la mía desbordando nuestras ansias en besos interminables que pedían el roce de nuestra piel, apretando nuestros cuerpos para sentir el deseo que ardía a fuego lento en nuestro interior.
Mis manos volaban por toda ella intentado que no se separara de mi y con firmeza agarre sus nalgas para elevarla y llevarla hasta la cama, tumbarla sobre ella y comenzar a quitarle la ropa mientras sus manos hacían lo propio conmigo. En apenas segundos, nuestros cuerpos desnudos campaban a sus anchas entre las sábanas buscando posiciones donde saciar nuestros deseos, donde apagar esa llama que nos quemaba sin control.
Me colé entre sus piernas para beber del dulce néctar que brotaba ardiente, entre los pétalos de la flor más bella que nunca vi. Su cuerpo se derretía en mi boca a la vez que gritaba como loca pidiéndome más!. Pasee mis labios por todo su cuerpo sin dejar ni un solo centímetro a la imaginación mientras ella me mordía, me arañaba y me besaba, susurrándome al oído que le hiciera el amor.
No podía negarme ya! Mi aliento era puro deseo que se derramaba por sus pechos. Y mientras sentía sus muslos apretándome para no dejarme escapar, me moría de placer perdido en esa mirada que ya nunca podré olvidar.

Javi A.

Deja un comentario