Era ya muy tarde, una de esas noches de frío invierno en las que el sueño se hace de rogar y la mente no deja de dar vueltas por los recuerdos. Se encontraba tumbada sobre la cama, con la vista perdida en las sombras que la tenue luz dibujaba en aquel techo blanco cuando de repente, una sonrisa le brotó de los labios y su cuerpo se estremeció recordando aquel día de verano.
Cerró los ojos para dejarse llevar y sintió de nuevo aquellas manos sobre su cuerpo. El calor de sus labios aplastando dulcemente los suyos y aquella mirada llena de deseo que la sedujo desde el primer momento. Volvió el aroma de aquel hombre a inundarla por completo, como si estuviera allí con ella en ese momento. Y recordando la pasión que ponía en cada caricia que le regalaba, le provocaba escalofríos y un sinfín de sensaciones que elevaban la temperatura de su cuerpo.
Le venían imágenes de cuando le quitaba la ropa de aquel modo tan sutil y tan tierno, con una delicadeza que aún hoy la excitaba solo con pensarlo. Esa manera tan dulce de tratarla, con esa seguridad en lo que estaba haciendo, encendiendo cada parte de su cuerpo, explorando sus límites y sus deseos, la incitaba a que sus piernas se apretaran y se acurrucara debajo de las sabanas disfrutando del placer de sentirlo de nuevo.
No abría los ojos, quería traer cada momento vivido, repetir cada gemido sintiéndose la mujer más amada del universo en los brazos de aquel hombre. Elevar su deseo hasta el punto de arder de nuevo y explotar de placer como lo hizo entonces…, pero sin hacer mucho ruido, pues lo tenía a su lado dormido.
Pero este era su momento, un recuerdo de los tantos vividos con el y deseaba disfrutarlo sola, porque sabía que mañana al despertar la volvería a amar haciéndola sentir la mujer más deseada del mundo.
Javi A.