Apenas la luz de unas velas iluminaban el ambiente creando un momento íntimo y sereno que permitía intuir lo justo y preciso para disfrutar de su belleza.
La música sonaba suave, con la delicadeza de un suspiro que acariciaba y mecía cada movimiento, provocando un baile perfecto entre los dos. Solo había que dejarse llevar.
Mi mano, perdida entre sus piernas, acariciaba con dulzura buscando que sus gemidos rompieran el silencio, provocando descaradamente un incendio en su interior que ardiera sin control hasta quemar ese deseo, dejando a los sentidos entrar en acción!.
Su cuerpo era un laberinto de sensaciones que estaba deseando probar. Buscaba caminos por donde al pasar se estremeciera, obligándola a apretarse más a mi, a doblegar su pasión entre mis brazos, a envolverse en la imaginación de lo que estábamos creando.
Eramos dos locos en nuestro manicomio particular, compartiendo esa locura sin pensar en nada más, inventando placeres donde podernos curar desnudándonos el alma… y algo más!. Haciéndonos el amor como si no hubiera final, dejando el tiempo colgado en la pared mientras nuestros cuerpos sudando, se devoraban hasta la piel.

Javi A.

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