Me pierde el calor interno de tus muslos. Gozo como un niño al apretarlos con mis manos dulcemente, acercándome descaradamente hasta el final para apenas rozarte mientras noto como se estremece el resto de tu cuerpo y vibra al compás de mis movimientos, cuando se funden mis dedos con tu pasión.
No sabes de qué modo disfruto, cuando al acariciarte con suavidad para sentir la calentura de tu piel, provoco gemidos en ti que traspasan mis sentidos excitando cada célula de mi ser y encendiendo el deseo, que muere al hacerte el amor para después volver a nacer.
Me encanta en el silencio de nuestra habitación escuchar a tu cuerpo disfrutar, cuando te vuelves loca de placer y despacito comienzas a jadear, o cuando tu vientre se convulsiona y en ese momento resoplas y empiezas a sudar.
Me gusta como te mueves y el eco que dejas sobre mi al amar, las curvas que conforman tu figura rodeando mi cuerpo, atrapándome en un laberinto de placer sin fin mientras nos amamos con tanta pasión, que el tiempo se difumina entre las sábanas de una cama que espera cada madrugada el dulce vaivén de dos almas que rinden pleitesía a una palabra llamada «amor».
Javi A