Suena el despertador y abro los ojos con la ilusión de un niño sabiendo que estarás a mi lado. Es uno de esos momentos que espero ansioso que llegue para poder disfrutarlo. Me encanta verte despertar, desperezarte mientras tu bonito cuerpo se estira insinuante, notar como te vas arrimando al mío y te abrazas a él toda mimosa acurrucándote, dejándome sentir el calor del tuyo y la suavidad de esa piel con aroma a rosas.
Cada segundo es un derroche de sensaciones. Tus besos pequeñitos en mi pecho, recorriéndolo de un lado a otro, tus manos acariciandome despacito, tus ojos abriéndose a un nuevo día, mirándome con ese amor que solo tú eres capaz de transmitirme.
Son minutos que no cambiaría por nada, incluso cuando separas las sabanas y te levantas casi desnuda dejándome ver tu cuerpo. No puedo dejar de mirarte mientras vas y vienes por la habitación recogiendo ropa para ir a la ducha. Y tú te das cuenta! Te ríes y mueves de forma insinuante tus caderas, ofreciéndome una visión que luego no puedo apartar de mí mente en todo el día.
Te gusta jugar y salto de la cama detrás tuyo, corres sin mucho esfuerzo porque deseas que te alcance y te abrace para sentirnos de nuevo. Me besas y yo respondo a ese beso, mis manos acarician con dulzura tu espalda bajando lentamente por ella, sé que te encanta y aprieto tiernamente ese culo bonito para empujarte hacia mi, encendiendo el deseo que entre nosotros no cesa.
Es un ritual que nos provoca y caemos en él conscientes de su final. Brincas sobre mí y tus piernas se enredan mientras mis brazos te sujetan, camino hacia la ducha contigo de mi cuello colgada mientras tus labios me besan y besan, provocando cada vez más ese momento donde nos amamos sin tregua.
Como no iba a querer despertar cada mañana, si tenerte conmigo es la locura más bella.
Javi A