Esperaba impaciente sobre la cama a que saliera de la ducha y viniera a acostarse mientras ojeaba un libro, de esos que se tienen en la mesita de noche para unir el tiempo con los sueños.
Había llegado tarde del trabajo y se la notaba el cansancio en el rostro, apenas había cenado nada y una ducha era el modo que necesitaba para relajarse del día y olvidarse de todo.
Escuchaba el agua caer en el silencio de la noche, apenas podía concentrarme en la lectura pues mi mente imaginaba su cuerpo rociado por las gotas templadas y cubierto de espuma.
Era una visión que perturbaba mis sentidos y encendía ese deseo constante que siento por ella, llevándome a momentos maravillosos en los que su cuerpo era un auténtico volcán y disfrutábamos el uno del otro en toda la extensión de la palabra.
De repente dejó de sonar el crepitar de las gotas en el suelo de la ducha, sacándome de golpe del dulce trance en que había caído. En apenas unos minutos se abrió la puerta y apareció su preciosa figura envuelta en una toalla, con un semblante muy distinto al que tenía antes de entrar, pero aún con el agotamiento reflejado en su mirada.
Llegó hasta la cama y se desprendió de la toalla para acostarse a mi lado totalmente desnuda. Su cuerpo desprendía un aroma que embriagaba y mis ojos no podían apartarse de ella que mostraba una sonrisa pícara, conocedora de lo que provocaba en mi.
A pesar de ello su mirada reflejaba cansancio y yo deseaba mimarla, así que le pedí que se volviera de espaldas, a lo que accedió al instante sin ningún tipo de reparo. Me coloqué sobre ella y mis manos comenzaron a acariciar su espalda suavemente, de arriba a abajo y de abajo arriba con la dulzura de un hombre enamorado y la ternura de quién se sabe querido. Se notaba el agrado en su cuerpo al paso de mis dedos y la relajación que iba invadiéndola, pues en apenas minutos sentí como se dejó llevar y fue a caer rendida en un profundo sueño del cual no quise despertarla, tan solo me acomodé a su lado y abrazándola, me perdí con ella en ese mundo donde hace ya tanto tiempo nos encontramos cada noche.

Javi A.

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