Sería el aroma que desprendía su cuerpo recién bañado, o quizás el olor a deseo que rezumaba por cada poro de su piel. El caso es que al tenerla allí, acostada a su lado envuelta en sus propios deseos con una pose de niña buena, seduciéndolo con leves movimientos que parecieran no decir nada, lograban encender esa pasión incontrolable por esas curvas que adornaban las sabanas de su cama.
Jugaba con él a resistirse, haciéndose de rogar mientras sus manos se acariciaban con la sensualidad que solo una mujer es capaz de transmitir. Todo su cuerpo era fuego que él no podía tocar, ni siquiera acercarse. Solo podía observar como ella entraba en extasis poco a poco al compás que sus dedos le marcaban, logrando una melodía en su cuerpo que el escuchaba pacientemente, pero ansioso, pues aquellos leves gemidos que salían de su boca eran una dulce condena a la que le costaba resistirse cada vez más.
Aún así, era consciente de que ella marcaba la pauta a seguir y a él ese juego le encantaba, se sentía seducido en toda la extensión de la palabra y mientras ella seguía con su juego erótico aumentándose el placer segundo a segundo, el sabía que le llegaría su momento!.., ese en el que le pediría participar en sus fantasías, pues aquel deseo explotaba dentro de los dos como un volcán y necesitaban apagarlo para alcanzar juntos el sublime placer de amarse.
Javi A.