Paseaban tus deseos por mis dedos, los sentía traspasandote la piel, penetrando hasta el fondo de tus sueños, descubriendo en tu cuerpo el regalo de un dulce placer. 
Se erizaba el bello con cada roce que te regalaba, mientras en tu estómago las mariposas revoloteaban y algo indescriptible surgía de tu interior, que hacía se encendiera esa ansiada pasión. Algo que no podías controlar por más que lo intentaras, que superaba cualquier razonamiento y se difuminaba con la siguiente caricia que sin remedio tu cuerpo electrizaba.
Un deseo irrefrenable acudía a tu encuentro, obligando al subconsciente a traspasar tus instintos, dejando un regusto a provocación que seducía tu imaginación, encontrando en mis manos aquella satisfacción, que solo se calma con la entrega total de dos cuerpos que se buscan y se aman sin control.

Javi A.

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