Aún recuerdo, de mi vida, momentos que por ellos no pasará el tiempo. Un sinfín de recuerdos agolpados en mi mente y que vienen de vez en cuando a encontrarse con mi presente, devolviéndome sensaciones que al sentirlas de nuevo, me invaden los espacios vacíos donde caducaron los sueños.
Todos añoramos aquello que ya no tenemos, lo que nos hizo temblar, sonreír o estremecernos, no importa si fue una caricia, una mirada o simplemente el roce de unos labios que nos robaron un beso, en cualquiera de ellos se quedó algo nuestro y lo guardamos para siempre en ese baúl de nuestra mente, donde todo es tan intimo que lo escondemos de la gente.
Quien no ha tenido un juego de miradas furtivas, unas palabras a destiempo, una sonrisa lejana que te alegro la mañana, un piropo que te hizo reír a carcajadas o un abrazo que no te esperabas. Cuantos pueden decir que jamás sintieron un roce de una mano en su mano y se les erizo la piel sin poder evitarlo o unos ojos que se clavaron en los tuyos y no supiste porque, pero no podías dejar de mirarlos. Quien no ha sentido algo en el estomago, simplemente con alguien hablando o al ver por primera vez a una persona, saber que en tu vida será algo.
En lo cotidiano de los días, siempre habrá algo que nos haga sentir vivos, que nos de las razones y el sentido para vivir lo vivido, un sinfín de momentos que entre sueños recogidos, nos llevarán entre sonrisas y suspiros a entender que el final no es el destino, que lo importante de verdad…, es el camino.

Javi A

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