Un suspiro se cayó del cielo y a mis pies fue a posarse.
Me agaché a recogerlo para que nadie me lo quitase. Y entre mis manos lo agarré como se agarra una rosa cuando con su belleza quiere uno deleitarse.
Era suave como la seda y de un tacto agradable.
Me sentí reconfortado por su imagen mientras se acurrucaba entre mis dedos, llenando ese momento de una dulzura inigualable.
Lo acerqué a mi oído como si de una caracola de mar se tratara, imaginado que así pudiera escuchar lo que entre susurros murmuraba.
Y en el silencio del momento solo alcance a oír dos palabras.
Me dijo «te amo» con una voz que me atravesó el alma.
Y fue en ese instante cuando supe que tú, amor mío, me lo mandabas.
Javi A