Al verle no pude por más que entristecerme yo también.
Sus lágrimas eran fuego que salían ardiendo del corazón. Se leían en ellas las preguntas sin respuesta del porqué de aquella sinrazón.
Arrastraba su voz por páramos desiertos, donde ni siquiera el eco lograba repetir su dolor.
Encontrando en el silencio el amargo sinsabor de un sentimiento, dulce como los sueños, agrio como el limón.
Me quedé mirando fijamente, esperando que un atisbo de luz iluminara en algún momento aquella melancolía e hiciera desaparecer la sombra de tal desconsuelo.
Pero no hubo movimientos ni razones para hacerlo, tan sólo era un espejo sin respuestas, donde en su reflejo me veía yo.
Javi A
