Cuanta entrega en aquellas madrugadas que las estrellas sus ojos iluminaban, cuantos los instantes de placer llenando los rincones con el aroma de su piel. Se perdían los minutos, se caían de entre las sabanas al suelo, mientras ellos soñaban despiertos deshojando margaritas en sus cuerpos.
Era efímero el tiempo, no contaba para ninguno de los dos en aquellos momentos, solo contaban los suspiros que se posaban en la almohada, cubriéndola de aquel dulce deseo.
Javi A.