Me quedé allí sentado, pensándote, rodeado de silencio, observando cómo la brisa balanceaba el viento y acunaba tus cabellos.
Las nubes a mis pies, eran un mar de algodón que se perdía en el tiempo.
Portaba su marea olas cubiertas de sueños y se acercaban a mis ojos, que de ti estaban llenos, acariciando esa mirada que perdida en el horizonte, gritaba a los cuatro vientos todo este amor que llevo dentro.
Y aunque fuera bajito y durara un momento, en la inmensidad de aquel instante, como un susurro se escuchó un «Te quiero».

                  Javi A.

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