Y se apoyó en la barandilla con la tranquilidad del que se siente del todo ausente, observando cada detalle a su alrededor, fijándose en todas aquellas cosas que uno nunca se fija cuando pasa por la vida raudo y veloz.
Se respiraba la serenidad del momento, llegando hasta su cerebro aromas que surgían de todos los rincones, explotando en su olfato para transmitirle la calidez y la calma de ese instante de paz que se estaba regalando.
Había desaparecido la prisa por llegar a ningún lado, las urgencias, el estrés de lo cotidiano, el sonido del teléfono, del gentío, de los coches y todo aquello que le saturaba a diario, dando paso a un estado de bienestar que hacía mucho no había disfrutado.
Hasta los pensamientos se habían frenado, ya no surgían a raudales y tan espontáneos. Pensaba al ritmo que le marcaba la misma vida acompañado de la melodía que le regalaba la naturaleza, componiendo una sinfonía que al escucharla solo había una cosa que le venía a la cabeza…, ella!

                              Javi A.

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