Sostenía el tiempo en mis manos a la espera de que algo ocurriera, apenas podía ya sujetarlo mientras se demoraba entre las sombras, que marcadas en las palmas, dibujaban las arrugas que su paso me regaló.
Doliente como púas que se clavan en la carne, eran sus agujas en movimiento, pues en cada intento que sonaba en su inagotable juego, se escapaba de mí algo de ese aliento que sostiene dentro un de corazón a los sueños.
Inagotables los segundos, se comían los minutos, bordando circulos de fuego que ardían con esmero mientras en mi mente sus cenizas, nublaban mis sentidos tapando tus recuerdos.

                   Javi A.

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