Inesperadamente, me dio por acariciar una noche el cielo, mientras soñaba tumbado en la hierba con ese amor que fuera eterno, sin pensar que con ello rozarían una estrella mis dedos.
Alcancé a quedarme quieto, con la mirada en un punto exacto mientras mis manos jugaban entre galaxias, planetas y astros recolocando a mi antojo el universo y así pasar el tiempo soñando.
Fué entonces que sin querer, fugaz como un rayo cruzó a mi lado mientras mi imaginación volaba, una estrella tan bella que quedé al instante de ella enamorado.
Y al rozar con su estela mis dedos suavemente, una luz iluminó el espacio, dando claridad a la noche y calor a mi corazón ajado.
Javi A.