Es como un ritual que cada noche se repite sin pausa, apoyar mi cabeza en la almohada y al cerrar los ojos, tenerte a mi lado contemplando tu mirada.
Apenas necesito un instante para entre mis brazos sentirte, es algo tan sublime que incluso tu pelo cayendo sobre mi pecho presiento, envolviéndome su aroma mientras me pierdo entre sueños.
Termino acomodándome entre tu cuerpo, pegándome a tu piel para arroparme con ella, regalándote esa caricia, que suave como la seda se desliza por mis dedos para abrazarte y ya no soltarte hasta que el gallo cante y el amanecer…, de ti me separe.
Javi A.