Dejé de ver tu sombra atravesando mis ojos, la brisa se la llevó suavemente como se lleva el polvo que acumula el tiempo. Desapareció entre el brillo de unas lágrimas que el viento ya secó.
Dejando un poso de amargo sabor y los restos de unos sueños olvidados en el cajón.
Ya no pinta las paredes el reflejo de tu cabello. Ni las huellas de tus pies mojados puedo seguir tatuadas en el suelo.
Se quedaron mudos los pliegues de unas sábanas inertes y ya no me abriga ningún calor.
Siento al silencio entrando por la ventana arrastrándose por los recovecos de tu silueta.
Esa que dejó la memoria en la penumbra de un recuerdo que no se atrevió a llevar el tiempo y se quedó grabado en mi corazón. Lo escucho agonizar entre las hojas del calendario. Aferrándose al pasado mientras caen una a una como lo hacen en otoño las de los árboles.
Cubriendo las pisadas ya borradas de unos pasos que la vida nos regalo.
Me quedo sentado frente a la cortina que baila sola mecida por el aire.
Observando sus movimientos mientras la luz cambia de lugar y el dulce susurro de su danza, me hipnotiza acallando mi penar.
Hoy te busqué al despertar y tu sombra ya no está.
Javi A
