Y dejamos que nos acariciaran los sueños. Que nos acogieran dulcemente entre sus brazos para llevarnos lejos, donde nadie pudiera vernos.
Y así entregarnos sin medida este amor que nace de un suspiro que trae el cielo, la ternura escondida en los dobleces del deseo y la vida entera, por si hiciera falta cuando despertemos.
Javi A.