Estoy acostado en la cama, acurrucado entre las sabanas absorbiendo su calor y mis ojos comienzan a cerrarse. Siento la tranquilidad de la noche sobre mí y el silencio que reina en la habitación, tan solo se rompe por el leve susurro de mi respiración.
Entonces me concentro en traerte a mi lado y te siento aquí junto a mí. Regalándome miradas de complicidad y de una ternura sin fin apenas a centímetros de mi nariz… y sonrío sin querer.
Me imagino tu voz, susurrándome bajito palabras llenas de amor que se van colando en mi corazón. La escucho con tanta atención que se hace real en este silencio y abre las puertas poco a poco de los sueños.
Tu sonrisa es lo último que veo antes de partir y me duermo, no sin antes decirle a mi almohada lo que quisiera decirte a ti.
Javi A.