Me lo encontré sentado en aquella butaca de cuero envejecida por el paso del tiempo y que tantos atardeceres le regalo antaño frente a aquella ventana destartalada y que hoy, apenas dejaba ver nada por aquellos cristales casi opacos por la suciedad acumulada.
Se encontraba como ausente, escuchando el lento paso del tiempo desplomarse al suelo, en aquel reloj de pared que no dejaba de martillear las agujas con implacable desconsuelo.
Su mirada perdida en algún recuerdo le había trasladado hacia aquel lugar dejando aquí su cuerpo. Unos ojos cansados de tantas noches en vela, se abrían camino a través del tiempo para traer de nuevo la ilusión de algo perdido en el horizonte de sus sueños. Lo supe por la expresión que en ellos veía mientras le observaba en silencio.
Me senté cerca de él a esperar que volviera de su trance, imaginando cuál era su felicidad después de tantos años. Así me mantuve durante unos minutos hasta que volvió su rostro hacia mi, con una tierna sonrisa en sus labios.
Me miró fijamente, como disculpándose por su ausencia y de su voz ronca apenas unas palabras sonaron.
Me dijo con la pausa del que se sabe sabio: «Todo hombre tiene una mujer en su vida a la que amó en el pasado, pero nunca tuvo el valor de luchar por ese amor que siempre regresa a pesar de los años».
Y me dejó pensando…..
Javi A.
