Como un instinto que me obligaba, levanté la vista de mi lectura para observarla. Allí estaba ella!, absorta entre palabras también. Ausente de todo lo que la rodeaba, sin darse cuenta de que me había quedado como tonto, mirándola fijamente mientras devoraba las páginas de un libro sin pensar en nada más.
Me encanta verla así, en su mundo de sueños. Es tan preciosa! tan bonita! que mi mirada la recorre de arriba abajo una y otra vez para saciarme de ella, de tanta belleza que me tiene enamorado como jamás antes lo estuve. Adoro ver como sus labios, instintivamente, dibujan una leve sonrisa por algo que ha leído y a su vez me hace sonreír a mi. Agudizando si cabe, aún más, esta cara de felicidad que tengo por vivir este momento.
Me quedo pensando…, como tuve tanta suerte de encontrarla en mi camino?.
Y sin dejar de mirarla ni un instante, me llegan recuerdos de tanto tiempo ya vivido, donde cada día me fui enamorando más de ella, de su belleza, de su personalidad, de su ser por completo.
Es tan preciosa! tan perfecta! que me invade el miedo mientras la contemplo. Miedo a perderla, a no tener tiempo para entregarla todo lo que siento, a darle tanto amor que llevo dentro.
Pero enseguida despierto de tan absurdo pensamiento y sonrío de nuevo, viendo como goza ella con su lectura y como la disfruto yo en este momento. Y me vuelco de nuevo en mi lectura bajando la vista, pensando cuanto tiempo tardaré en volver a levantarla y regocijarme otra vez mientras la veo.
Javi A.
