Escucho desde el escaparate del mundo el crepitar de las gotas de lluvia en el cristal.
Mientras, mi mente busca tu imagen para lanzarme a la aventura de encontrar, fantasías que me descubran tus secretos y tus deseos más profundos.
Y así acercarme más a ti.
Me amparo en el aroma que deja la humedad en la tierra, envolviéndome con su manto para saciarme de tu aliento. Y de tu respiración, que suena a ternura cuando llega a mí.
Te busco entre suspiros que acaparan los tic tac inagotables del reloj y a veces no te encuentro.
Te pierdo entre el silencio que grita tu ausencia, mientras se muere mi paciencia cada día un poco más.
Como puede nadie olvidar lo que nunca tocó, ni sentir lo que jamás tuvo?
El ardiente anhelo que va quemando por dentro, mientras luchas por alcanzar el momento en que rozar puedas, la fragancia incierta de aquello llamado amor.
Te guardas lo sueños entre los pliegues de la almohada, escondiéndolos dulcemente.
Para un amanecer cualquiera, buscarlos con sus primeras luces y entre los besos robados hacerlos realidad.
Todo huele a ti en el frío vacío de los huecos que no llenas. Y la ansiedad aprieta soportando la nostalgia por el deseo ausente, que entre tus brazos hiere cuando no son verdad.
Un corazón no miente, si su latir es fuerte al cerrar los ojos.
Y en la mente, tu mirada emerge para colmar los sentimientos descifrando su sentir.
Es entonces cuando acuden a la cita los recuerdos de los recuerdos imaginados.
Porque eso son, hasta que despierten los sueños y nuestras huellas caminen a la par.
Procuro no tropezar con la melancolía al mirar hacia el horizonte y salir indemne de la batalla diaria por ti. Pues al final de la misma con arrojo y valentía será vencida no solo la distancia, también los miedos.
Y solo habrá un ganador: el amor.
Javi A.
