Ella pasaba todos los días a la misma hora, caminando decidida y con la mirada perdida en su mundo y en sus cosas. Una mirada dulce y llena de sueños pensaba él, entre los que deseaba encontrarse para calmar esa sensación que le recorría el estómago cada vez que la veía, esa sensación que le ardía por dentro, al igual que a ella cuando salía de casa presintiendo que lo encontraría de nuevo.
Jamás se cruzaron sus ojos en el camino, pero advertían los dos al unisono, ese furtivo deseo de hacerlo y calmar el calor interno que recorría sus cuerpos cada que llegaba ese encuentro.
Era la sensación de ver sus cuerpos, intuir entre la ropa lo que deparaba cada movimiento, memorizar cada detalle para imaginarlo después en su lecho y saciarse hasta olvidarse del tiempo.
Nunca evitaban la ocasión, se buscaban entre la gente con el mismo anhelo, esperando la oportunidad de en algún momento , el destino les diera un empujón y se rozaran al menos.
Vivían de deseos, de placeres intensos por aquel extraño momento, que ocultaban al mundo pero nunca entre ellos, pues los dos sabían a ciencia cierta lo que les decían sus mentes y sus cuerpos. Era como un instinto animal que se metía dentro y necesitaban sacar en aquel breve encuentro, pero siempre con la esperanza de que un día llegará que pudieran satisfacerlo, para calmar todo aquel calor que brotaba desde lo mas profundo y que simplemente era deseo.
Javi A.