Llegan susurros de madrugada. Ecos cubiertos de nostalgia que penetran lentamente hasta el alma.
Se van posando suavemente sobre la almohada, a la par que los sueños con sus palabras se embriagan.
Resuenan sin parar, como el incansable «tic tac» del tiempo. Martillean sin piedad donde más duele, como el martillo sobre el metal del herrero, forjando con ello el sentimiento hasta moldearlo y endurecerlo.
Y en esa maravillosa tortura que trae el viento, repitiendo sin cesar las voces del recuerdo, se acomoda la soledad para arroparte el sueño.

         Javi A.

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