Tan solo se escuchaba el eco de sus tacones sobre el suelo empedrado. Resonaban con la cadencia de quien se sabe observado. Lentos y pausados, como el latido de un corazón calmado que camina paso a paso hacía un destino siempre soñado.
Rompían el silencio en mil pedazos, deshaciendo con su ritmo lo hasta ahora andado. Dejando tras de si las sombras del pasado difuminadas en recuerdos del todo apagados.
Yo tan solo observaba a la vez que escuchaba. Dejaba que sus pasos me guiaran por aquella calle empedrada mientras las luces nos iluminaban y tan solo bastaba una mirada, para decirnos sin palabras lo que el silencio callaba.

                                            Javi A.

Deja un comentario