Encontré por la mañana sobre mi almohada los sueños que perdí de madrugada.
Se escondían entre los cabellos de una melena que los acogía con amor.
Los fui recogiendo uno a uno mientras el aroma de aquel pelo me embriagaba.
Desnudando mi alma con una calma que no conocía del tiempo su sabor.
Entrelacé mis dedos entre ellos buscando que no quedara ninguno perdido en su acogedor laberinto. Y mi mano sucumbió a su dulzura y suavidad, negándose a dejarlos de acariciar.
Javi A.