Hoy me puse en tus zapatos y quise saber de todo lo que habita dentro de ti. Caminé por tus sueños…, entre tus penas…, deseos…, miedos y anhelos…, escribiendo notas de todo lo que en ellos vi.
Me deslicé suavemente por tus sufrimientos, aprendí y me quise quedar sin miedo junto a ellos a vivir. Para curarlos contigo, darle luz y brillo a ese ser que habita dentro de ti y andar juntos un camino sin fin.
Hoy caminé por tus pasos por primera vez de verdad, calándome hasta los huesos con tus lágrimas que caían como cascadas y formaban en tu corazón un bello mar donde quise zozobrar.
No sucumbí al desasosiego ni al cansancio y aparté de mi el dolor, ese que entraba por tu mirada al ver un horizonte sin fin.
Apreté los puños y hacia adelante me dispuse a seguir. De nada valía dejar a medias todo tu sentir.
Fue una caminata dura y llena de dolor, de esperanzas sin color, de impotencia, agotamiento y debilidad, de fe en conseguir lo que deseas para ser tu. Pero también de fuerza y valentía como la tuya, donde uno se quiere agarrar.
Un paseo donde aprendí que hay que apretar los dientes para poder subir los repechos de la vida, que hay que sufrir para ser feliz, que solo con paciencia y amor de verdad se puede llegar y que nadie solo lo puede lograr.
Hoy me puse en tus zapatos… y aprendí que sin ti no quiero vivir…!
Javi A.