Cuando se cierren las puertas y los cristales se empapen de lagrimas.
Cuando el aire este viciado y te ahogue hasta el alma.
Cuando no sientas la luz iluminando tu cara.
Cuando la oscuridad se apodere de cada latido y el silencio ya no suene a nada.
Deja entrar el aire por tu ventana. Ábrela de par en par y que entre a raudales todo aquello que te trae la calma.
No olvides que la vida son sueños y aunque la puerta se cierre, siempre habrá cerca una ventana:

                                          Javi A.

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