Y se quedaron mis dedos marcados en tu piel para siempre.
Tatuados de forma permanente en el indudable deseo de pertenecerte. Mientras, ardían a fuego lento, calentando cada instante de nuestro tiempo. Aprendiendo el truco en cada roce que nos enseñara a sofocar esos incendios.

                                           Javi A.

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