Y me perdí en la dulzura de un momento, que de tan increíble, se me antojó perfecto.
Paré para ti y para mi el tiempo.
Lo agarré tan fuerte que se quedó perplejo y aproveché ese instante para que se quedara grabado en los sueños.
No perdí ni siquiera un segundo y entre mis brazos puse tu cuerpo. Lo abracé con ese cariño de quien se sabe amado hasta los huesos y te di el calor que se necesita cuando el frío asoma en invierno.
Apenas pasaron minutos, que horas parecieron.
Y nos quedamos dormidos como dos niños que se sienten a gusto mientras les cuentan un cuento.
Y ya no pensamos en buscarnos entre los sueños, porque estamos tan juntos, que soñamos lo mismo sobre la almohada de los deseos.
Y nos rendimos al hecho de abrazar nuestro amor entre miles de besos.
Javi A.