Voy a correr las cortinas de mi alma y dejaré entrar esa luz que tanta serenidad y calma regala.
También podría abrir un poquito la ventana. Lo justo para que corra el aire entre el corazón y el espacio donde habita todo lo que me falta.
Quizás abra también la puerta y me siente en el borde del tranco, para observar como pasa la vida desde un lugar privilegiado. Ese donde la vista antes no me alcanzaba.
A lo mejor me atrevo a tirar de la manta y deshacer los nudos que atan mi garganta. Dejando libres a las palabras que hoy me llenan y desean salir de su prisión de arena, para volar sin alas.
Me gustaría calzarme aquellos zapatos que tenía de niño y me llevaban a lugares lejanos sin salir de casa. Caminar con ellos como lo hacía antaño, por los sueños impolutos que llenaban mi espacio y las horas perdidas de mi infancia.
Y vivir aquellas aventuras de piratas y princesas, o aquellas otras de superhéroes sin capa.
No recuerdo ya quien me dijo que con la edad pierdes lo que vivías en tu niñez.
Pero hoy le diría, que sin duda se equivocaba.
Porque dentro de mí sigue ese niño que anhela alcanzar las nubes y subir a lo alto de una montaña.
Ese niño que lucha por mantener la fantasía en su mirada y que, quizás no hoy, pero seguro que mañana, se calza de nuevo aquellos zapatos y logra salvar a la princesa de los piratas.
Porque la vida me puede robar el tiempo, pero jamás me robará el alma.
Javi A.
